La immigración africana no se tiene que considerar un delito, sino un derecho a la vida y a la supervivencia.
Me llamo Kalil, Kalil Mtube. Vengo de Sierra Leona. Tengo veinticinco años y nací el siete de septiembre del ochenta y seis en Kamakwie, un pueblo en el norte del país.
Llegué a Europa por las Palmas, en patera. Éramos muchos, todos estábamos muertos de hambre, sed, miedo y frío. Nadie hablaba. El trayecto tuvo lugar por la noche. La patera era pequeña para la multitud de personas que convivíamos allí. La mitad de nosotros no sobrevivió a las condiciones a las que estuvimos sometidos. La mayoría eran adolescentes, también había alguna mujer embarazada. El viaje fue largo, fatigante y muy duro. Nunca podré olvidar la cara de terror del chico que estaba a mi lado, suplicando ayuda. No tuvo fuerzas para aguantar. Murió en el trayecto...
Me marché de mi pueblo porque en él había mucha miseria. Pasábamos hambre. Quería ayudar a mi familia, ganar dinero para ellos. Decidí, como muchos otros jóvenes, emprender el viaje haci Europa.
Ya hace dos meses que estoy establecido en Barcelona y las cosas no me vanbien. Creí que aquí sería todo más fácil... y no es así.
No quiero que me traten como a un delincuente, porque no lo soy. Yo solo quiero trabajar. Tengo los estudios incompletos, porque no pude terminarlos por falta de dinero. Hablo cuatro idiomas: inglés, árabe, leo y un poco de francés, pero también quiero aprender español. Me gustaría encontrar trabajo como peluquero o en algo relacionado con la electricidad o el campo... lo que sea, me adapto a todo. El caso es que quiero hacer algo, no puedo pasar más tiempo sin hacer nada. Los dos meses que he estado aquí han sido tristes y duros. Me encuentro muy solo. Me acuerdo mucho de mi familia y no los quiero decepcionar. Por eso necesito un trabajo urgentemente.



